Vamos a hablar sobre la necesidad de que exista un daño para que haya negligencia médica.
Sin daño no hay negligencia
¿Cómo se traduce esto en la práctica? Para que exista negligencia médica, es una premisa fundamental que exista un daño, una lesión o, en último caso, el fallecimiento.
Lo que nos ocurre muchas veces es que acudís a nuestro despacho con un asunto de negligencia médica en el que efectivamente existe el error, el acto médico mal hecho, pero no existe el daño. Y para que exista negligencia médica, es fundamental que exista el daño.
Ejemplos de errores que no son negligencia
Veamos algunos ejemplos prácticos donde podéis ver claramente lo que os estoy explicando.
Si se interviene el menisco derecho en vez del izquierdo, existe un error, y es un error claro. Pero si el menisco derecho, que se ha intervenido por error, también estaba roto, se le ha arreglado y no existe daño. Por lo tanto, ahí no tendríamos negligencia, porque no tendríamos daño.
Otro ejemplo sería el trato irrespetuoso, brusco o con falta de empatía por parte del personal sanitario hacia el paciente o sus familiares. En ese caso tampoco tendríamos negligencia médica, porque no existe daño.
Otro ejemplo sería un retraso en el diagnóstico de un cáncer. Si el retraso no ha variado el estadio del cáncer ni ha supuesto una diferencia sustancial en el pronóstico de curación del paciente, tendríamos un retraso en el diagnóstico, pero no tendríamos negligencia.
Cuándo sí existe negligencia
¿Cuándo sí existe negligencia? Solemos dividir los tipos de negligencia en diferentes grupos: la impericia del médico o del personal sanitario, la imprudencia, el error en el diagnóstico, la omisión del deber de información o el error en la administración de la medicación o del tratamiento.
Todos estos tipos de negligencia lo son siempre y cuando, como os he explicado, exista un daño, una lesión o un fallecimiento causado directamente por ese acto médico mal hecho.